Instituto de la Justicia

Detrás de cada cifra hay un rostro: Lo que aprendí analizando los datos en el Instituto de la Justicia

julio 22, 2026

Por: Mía Marie Elvir Rojas

Estudiante de Ingeniería en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial y expasante del Instituto de la Justicia de ASJ (Marzo – Junio 2026)


Ningún curso universitario te prepara para entender que, a veces, una cifra no informa; también revela realidades que no siempre son visibles a simple vista.

Como ciudadana, descubrí que más de 500,000 hogares hondureños se saltan una comida a la semana por falta de alimentos, que Honduras registra uno de los índices más altos de femicidios de toda América Latina y que, a su vez, es el segundo país con mayor tasa de mortalidad infantil de la región, por causas que pudieron prevenirse. Conocer esta realidad es profundamente impactante y transforma por completo la manera en que se observan los datos.

Eso fue lo que sentí durante mis cuatro meses en el Instituto de la Justicia, el centro de pensamiento de la Asociación para una Sociedad más Justa (ASJ), y en donde colaboré en la creación de los informes de Estado de País 2026. No fueron datos más en una hoja de Excel: fueron la confirmación de que detrás de cada cifra hay una familia, una infancia o una vida que pudo ser distinta.

Siendo estudiante de la carrera de Ingeniería en Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial, llegué a esta pasantía pensando que mi trabajo sería principalmente limpiar bases de datos y elaborar gráficas. Y aunque estas tareas formaron parte de mi día a día, lo que realmente marcó mi experiencia en el Instituto de la Justicia fue entender que cada indicador que procesábamos representaba una historia: un niño sin acceso a salud, una mujer sin justicia, una familia sin alimento garantizado.

Fue una grata sorpresa encontrar un equipo que no espera que tengas todas las respuestas, sino que te impulsa a hacer mejores preguntas; que te desafía a fortalecer tu criterio mientras lo pones en acción; y que demuestra que las ideas más valiosas no siempre provienen de la experiencia acumulada, sino de la capacidad de mirar un problema desde una perspectiva distinta.

De esta experiencia me llevo una lección importante: los datos no son solo números, sino narrativas con propósito. No basta con afirmar que un país mejora porque una cifra disminuye; es necesario preguntarse si esa reducción representa una mejora real en las condiciones de vida de las personas o únicamente un cambio en lo que los datos logran registrar.

Aprendí que los datos no son fríos, son la huella de decisiones, de políticas públicas que faltaron y de oportunidades que no llegaron a tiempo. También aprendí, que un equipo como el del Instituto de la Justicia no se conforma con describir la realidad, sino que trabaja todos los días para transformarla; dejando una huella distinta: aprendizajes, momentos compartidos y la motivación de que es posible construir una Honduras más justa.

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